Disfrutó de una exitosa carrera, y ascendió a los puestos más relevantes hasta que varias experiencias la hicieron despertar del sueño y descubrir los peligros que acechan en cada gabinete de la medicina estadounidense y por extensión, de cualquier otro del mundo. Ella misma sufrió las terribles consecuencias de los efectos secundarios de algunos de los medicamentos que ella misma representaba y vendía, llegando a poner en peligro su propia vida.
Después de salir de las ventas farmacéuticas en el año 2000, Gwen trabajó en la industria de alimentos naturales por primera vez como una gestora de cuentas para Nature’s Way, y luego como gerente regional de ventas para Gaia Herbs.
Actualmente es escritora, oradora y consultora de salud natural.
En su libro, denuncia el mercantilismo existente en torno a los antidepresivos y sus graves efectos secundarios.
SE QUEMÓ VIVA…
Algo que, por desgracia, conoce de primera mano.No ya porque sepa perfectamente lo que hay detrás de su comercialización –que también- sino porque una sobrina suya se suicidó después de haber tomado antidepresivos.
Le fue prescrita la medicación tras un accidente de automóvil y cuando trató de dejarla cayó en una profunda depresión. “Se quemó viva –explicaba Olsen en una entrevista a Kathy Rumlesky en Free Press Reporter- Se había vuelto adicta y cuando intentó dejarlo cayó en una depresión. Su médico la prescribió otro antidepresivo y eso la llevó a una espiral descendente, hacia el suicidio”.
Es más, la propia Gwen Olsen fue tratada con antidepresivos en 1992. “Me volví una psicópata maníaca”, reconocería. Añadiendo: “Aproximadamente el 25% de la población que los toma tendrá reacciones adversas serias”.
LOS NIÑOS LOS MÁS VULNERABLES
Aunque quizás lo más impactante de su testimonio sea su referencia a los niños porque, según asevera, son más vulnerables a los efectos secundarios debido a que sus órganos están aún desarrollándose: “Reaccionan tres veces más a estas drogas que un adulto”, denuncia.Durante la entrevista Olsen deja además para la reflexión una idea especialmente significativa por proceder de alguien vinculado durante mucho tiempo a la industria farmacéutica: “Hay importantes incentivos económicos para sobreprescribir estas drogas”.
A lo que añade: “Son un mecanismo de control social”.
Como colofón asegura que una vez que alguien empieza a consumir psicofármacos nunca podrá dejarlos: “Será cliente de la industria farmacéutica toda la vida –afirma- Los medicamentos alteran la patología química del cerebro para que no pueda dejarlas. Son sumamente adictivas”.
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