Las
Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de 54 países que participaron en la
Guerra Civil Española junto al ejército democrático de la
II República, enfrentándose
a los sublevados dirigidos por
Francisco Franco, que recibió ayuda de la
Alemania nazi y de la
Italia Fascista.
Según los datos manejados por los estudios realizados en
Estados Unidos por la
Brigada Lincoln y por el historiador Andreu Castell, llegaron a participar en total 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales murieron más de 15.000; al mismo tiempo los internacionales no sobrepasaron más el número de 20.000 hombres presentes en los frentes en cada periodo de la guerra.
La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de
París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados voluntariamente por los partidos comunistas o veteranos de la
Primera Guerra Mundial.
Su base se encontraba en el
aeródromo de Los Llanos, en
Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de
Madrid en
1936, las batallas del
Jarama,
Guadalajara,
Brunete,
Belchite,
Teruel,
Aragón y
el Ebro, siendo retiradas a partir del
23 de septiembre de
1938, a fin de modificar la posición ante la intervención extranjera del
Comité de No intervención.
Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a
España en favor de la
República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la
Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que desde prácticamente el día de la sublevación de los nacionales estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudo fascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia
progresista,
socialista,
comunista o
anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron
Alemania e
Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra, se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista
André Malraux , el socialista italiano (que años antes había atentado contra el hijo de
Víctor Manuel de Saboya),
Fernando De Rosa Lenccini.
También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del
18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al frente. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.
En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las
olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en
Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las
olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de
Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del
Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra.
Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros, se bautizaron con nombres de militares progresistas del siglo anterior, como
Walery Wroblewski, muerto en la
Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés
Tom Mann.
Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del
Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el
Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que militantes socialistas, anarquistas, o
marxistas ajenos al comunismo, prefiereran enrolarse en otras unidades.
En algunos de los casos algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del
POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la
Komintern. Relacionado con esta cuestión, y tras los
Sucesos de mayo de 1937 en
Barcelona, el gobierno republicano ordenó el
19 de junio de 1937, por un decreto puesto en marcha por
Vicente Rojo siguiendo órdenes de
Indalecio Prieto (en esos tiempos ministro de Defensa),
"que todos los extranjeros que prestan servicio al ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.
Creación
Bandera del Batallón Dabrowski, compuesto mayoritariamente por voluntarios procedentes de
Polonia,
Hungría y
Yugoslavia.
La idea original de la creación de las Brigadas Internacionales se presentó en
Moscú en septiembre de
1936, donde la
Komintern trataba de captar voluntarios
comunistas y no comunistas para participar en apoyo de los republicanos españoles en la guerra. El Gobierno de la República no se decidió al inicio por aceptar la propuesta. La opinión cambiaría en octubre de ese mismo año, cuando los primeros combates y el avance de los sublevados hacia Madrid evidenciaron la crítica situación militar de la República.
No obstante, a los pocos días de la sublevación militar, muchos de los atletas que iban a participar el día siguiente en la Olimpiada Popular organizada en
Barcelona por
Lluís Companys, se unieron en una brigada propia, muriendo el atleta austriaco Mechter el
19 de julio, quien es considerado el primer brigadista caído en combate. Y en agosto entró en combate en
Irún el batallón
Commune de Paris, compuesto sobre todo por franceses y belgas al mando de
Jules Dumont.
La sede internacional de reclutamiento se estableció en
París bajo la dirección del
Partido Comunista de la Unión Soviética y el
Partido Comunista francés. Desde el gobierno republicano se tramitaba la documentación necesaria para el recluta, se hacía llegar estos documentos a París, y desde allí se embarcaba a los voluntarios que, desde toda Europa, llegaban vía ferrocarril a Barcelona. Posteriormente, el gobierno republicano los remitía a
Albacete, donde la
Komintern había establecido el cuartel general de las Brigadas, así como su centro de entrenamiento.
El
23 de octubre,
Francisco Largo Caballero crea la
División Orgánica de Albacete con un Comité de Organización encargado de asistir de manera centralizada a los voluntarios que llegaban del extranjero. El líder comunista francés
André Marty, secretario general de la
Tercera Internacional y hombre, al parecer, de la plena confianza de
Stalin, será nombrado Jefe de la base de Albacete. Los que llegaban iban destinados luego a distintas poblaciones:
La Roda,
Tarazona de la Mancha,
Villanueva de la Jara y
Madrigueras eran los lugares de mayor concentración.
Las movilizaciones en favor de reclutas para las Brigadas Internacionales se extendieron por toda Europa y luego por Estados Unidos, pero en países como
Alemania e
Italia se identificaron como el primer paso para combatir en batalla al
fascismo y al
nazismo, que ya había establecido dictaduras en ambos Estados. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el
14 de octubre de
1936.
Las primeras Brigadas formadas (XI, XII y XIII) estaban compuestas mayoritariamente por franceses, belgas, italianos y alemanes voluntarios. Dentro de cada brigada se constituyeron batallones, generalmente de miembros de la misma nacionalidad para facilitar las comunicaciones entre los integrantes.
Origen de los brigadistas
Voluntarios polacos jurando lealtad a la República.
Hubo brigadistas de más de 50 países del mundo. El país que más voluntarios aportó fue
Francia, con más de 10.000 según algunas fuentes (Andre Castells la eleva hasta 15.000). El segundo contingente más importante era el de
alemanes y
austriacos con unos 5.000, en su mayoría exiliados en
París y
Bruselas. También destacaron los contingentes de
Italia (4.000),
[1] los 2.500
británicos, 2.000
estadounidenses y un millar de latinoamericanos. También se enrolaron en menores cantidades voluntarios de países como
México,
Abisinia,
Polonia,
Albania,
Checoslovaquia,
Hungría,
Bulgaria,
Suecia,
Suiza,
Holanda,
Cuba o hasta
Rumania.
Un importante número de brigadistas fue de origen
judío, colectivo que mayoritariamente entendió la lucha contra el franquismo en el contexto de la lucha contra el ascenso del
antisemitismo que se estaba dando en
Europa.
[2] Según distintas estimaciones, hasta 8.000 de estos voluntarios, un 15 % del total de brigadistas internacionales, lucharon por el bando republicano. En general, estos voluntarios habían sido previamente militantes
comunistas y
anarquistas, con poca o nula conciencia hebrea, pero también se dieron casos de unidades específicamente judías, como la
Unidad judía Botwin (anteriormente denominada 2ª Compañía del
Batallón Palafox). Esta participación judía en las brigadas internacionales fue silenciada sistemáticamente.
[3]
Los brigadistas procedían de muy diferentes estratos sociales, desde
intelectuales a trabajadores manuales, pasando por militares retirados o soldados veteranos. Hubo en sus filas una gran variedad de procedencias: sindicalistas, mineros de
Europa Central, estibadores y cargadores de los principales puertos europeos, ex-combatientes de la
Primera Guerra mundial, médicos, afroamericanos y orientales naturales de suburbios neoyorkinos, también estadounidenses eran un numeroso grupo de universitarios británicos procedentes de las zonas de concentración industrial, algunos escritores, artistas, políticos y muchos militares desempleados de la Europa del Este. Como vemos, la procedencia tanto geográfica como social y profesional era de una heterogeneidad impresionante. El importante número de intelectuales, médicos, artistas y científicos que integraban las brigadas, ha hecho que en muchas ocasiones se les haya definido como “la unidad militar más intelectual de la historia”. Hay que añadir en este apartado que hubo varios escritores, como
Ernest Hemingway y
George Orwell, que aunque sí participaron en la guerra y escribieron algunas obras que se han hecho muy populares (
Por quién doblan las campanas u
Homenaje a Cataluña), no se encuadraron como combatientes dentro de las Brigadas Internacionales.
La filiación política mayoritaria era la comunista, ya que casi todos los brigadistas habían sido invariablemente reclutados por los partidos comunistas de diferentes naciones, aunque unos pocos acudieron a
España para enrolarse directamente sin adherirse previamente a un partido político. Sin embargo, la militancia política variaba según el país de origen; por ejemplo, entre los brigadistas norteamericanos los efectivamente marxistas (socialistas, comunistas o anarquistas) no llegaban ni a la mitad, mientras que en el contingente alemán los soldados de filiación comunista estaban en torno al 80 %, siendo de igual proporción la presencia comunista en unidades francesas o italianas. Mientras tanto, los batallones
británicos y de
Europa Oriental mostraban presencia mayoritaria de obreros sindicalizados, con una minoría de militantes de algún partido. La filiación de los brigadistas no comunistas era muy variada también: iba desde el socialismo hasta el anarquismo, pasando por todas las formas del progresismo antifascista.
Fueron muchos los brigadistas que posteriormente acabarían convirtiéndose en personajes de notable importancia histórica. Por dar algunos ejemplos se podrían citar los nombres del alemán
Willy Brandt, que sería alcalde de Berlín y luego Canciller de Alemania, el intelectual holandés
Jef Last, el militar húngaro
Kleber, el pintor mexicano
David Alfaro Siqueiros, el general polaco Walter, el presidente yugoslavo
Tito (la participación de este último ha sido bastante discutida), y otros muchos alemanes que llegarían a ocupar importantes cargos en la RDA. También participó en las Brigadas Internacionales el
albanés Enver Hoxha, quien sería primer ministro de ese país desde
1946 hasta su muerte en
1985, durante la
República Popular de Albania.
Acciones de guerra
Las primeras operaciones de combate en las que participaron las brigadas (en concreto las número XI, XII y XIV) fueron en la
Batalla de Madrid a partir del
4 de noviembre de 1936 hasta febrero de
1937, durante la primera ofensiva del ejército nacional, que ocupaba ya
Getafe y
Leganés.
Con 1.550 hombres y mujeres (1.628 según los archivos soviéticos), se instaló el Cuartel General en la Facultad de Filosofía y Letras, siendo las unidades brigadistas muy activas en los alrededores de la
Casa de Campo, donde se enfrentaron al general Varela en los accesos desde la carretera de
Valencia, la
defensa de la Ciudad Universitaria y los accesos a la
sierra de Guadarrama, en un amplio despliegue que los llevaba en algunas ocasiones a combatir en las puertas de Getafe.
La XV Brigada compuesta principalmente por unidades de rusos, norteamericanos y británicos se enfrentó a las tropas nacionales que pretendían conquistar Madrid, desde el
6 de febrero de
1937 en la
Batalla del Jarama. La XV Brigada participó en la contención de la ofensiva y capturó prisioneros, manteniendo enfrentamientos hasta el día 27 inclusive.
En la
Batalla de Belchite de 1937 tomaron parte las brigadas XI y XV. Durante la
Batalla de Guadalajara iniciada por tropas italianas del
Corpo Truppe Volontarie el
9 de marzo de
1937 para tratar de penetrar desde el norte en Madrid, las tropas republicanas hicieron frente a un ejército de 30.000 hombres, 80 carros de combate y 200 piezas de artillería. En el escenario se encontraron combatiendo la XI y XII Brigada Internacional, que sufrieron gran cantidad de bajas.
Batalla de Teruel. Invierno 1937-38. En esta ofensiva republicana, que tenía como fin desviar la presión de los nacionales sobre el frente norte, participaron todas las Brigadas Internacionales (ya muy mermadas), excepto la XIV. De cara a las sesiones del
Comité de No Intervención, el gobierno mantuvo que serían sólo las tropas españolas las que lucharían, pero esto pronto se demostró como una falsedad cuando el 7 de diciembre llegó la orden a la base brigadista en
Albacete de que partiesen hacia
Aragón.
Los brigadistas tuvieron también un importante papel en los grupos de guerrilleros que se infiltraron tras las líneas antes de la batalla para sabotear las comunicaciones enemigas. La reconquista de Teruel por parte de los nacionales en febrero del 38, costó un altísimo número de muertos especialmente a la XI Brigada.
Brigadas: denominación, composición e historia
Los primeros voluntarios llegaron a
Albacete el 12 de octubre, y a partir de ahí llegaron convoyes casi diariamente durante los días sucesivos. El día 15,
Luigi Longo (luego se hará llamar Luigi Gallo) empezó a organizar las primeras compañías. Otros que se suman al primer órgano de dirección son Allard, Wisniewski, Hans Kahle, Jean Marie François, Lalmanovic o Ribiere. Este comité organizador se vio superado ante la llegada de tantos voluntarios y pronto se transformó en un comité militar, en el que aparte de los ya mencionados entraron otros, como el Comandante Vidal y
André Marty, que se convertiría en el jefe de la base y de las
Brigadas Internacionales.
El encuadramiento en los distintos grupos se efectuó en función de grupos idiomáticos y de origen. Los jefes en un principio fueron elegidos por los propios voluntarios, pero más tarde la elección pasó a hacerse en función de las necesidades. Al lado de cada jefe militar había un
comisario político, cuyas tareas principales eran de carácter político (mantener la moral, arengar políticamente a las tropas, etc.) aunque en ocasiones también tenían que asumir labores militares.
Se formaron siete brigadas, llamadas XI, XII, XIII, XIV, XV, 129 y 150. Cada brigada se dividía a su vez en tres batallones (salvo en algunos casos en los que había cuatro) que en un principio rondaban los 650 hombres cada uno. Estos batallones recibían nombres con un claro contenido político, como
Garibaldi o
Commune de Paris.
Las Brigadas estuvieron organizadas de la siguiente forma:
La
XI Brigada fue la primera en constituirse formalmente el
22 de octubre de 1936 con tres batallones:
Edgar André,
Commune de París y
Garibaldi, apoyados por un batallón español. Jefe de la Brigada fue
Manfred Stern primero y
Jean Marie François después.
- 1er Batallón "Edgar André". Alemán.
- 2º Batallón "Commune de Paris". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
- 3er Batallón "Dabrowski". Polacos, húngaros, yugoslavos, 2 paraguayos. Trasladado posteriormente a las Brigadas XII, XIII y 150. (Bandera en la imagen).
- 4º Batallón "Garibaldi". Italianos. Trasladados más tarde a la XII.
La XII Brigada se constituyó el
1 de noviembre de 1936 con los batallones
Ernst Thälmann,
André Marty y, desde la XI Brigada, el
Garibaldi. El Jefe de la Brigada fue el
general Zalka Maté.
- 1er Batallón "Thaelmann". Alemán. Trasladado posteriormente a la XI.
- 2º Batallón "Garibaldi". Italianos.
- 3er Batallón "André Marty". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la 150, XII y XIV.
La XIII Brigada se constituyó el
1 de diciembre de 1936 con los batallones
Chapiaev,
Henri Vuillemin y
Lousie Michel. El jefe de la Brigada fue
Wilhelm Zaisser.
- 1erBatallón "Louise Michel". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
- 2º Batallón "Chapiaev". De distintos países balcánicos. Trasladado posteriormente a la 129.
- 3er Batallón "Henri Vuillemin". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
- 4º Batallón "Miskiewicz Palafox". Polacos y judíos mayoritariamente,[3] además de unas decenas de sobrevivientes ucranianos del ejército anarquista de Néstor Majnó.
La
XIV Brigada, a la que se conoció como
La Marsellaise por estar conformada por mayoría de franceses, fue creada el 1 de diciembre de 1936 y reorganizada por completo el
27 de noviembre de 1938.
- 1er Batallón "Noves Nacions". Trasladado posteriormente al "Commune de Paris".
- 2º Batallón "Domingo Germinal". Anarquistas españoles y portugueses.
- 3er Batallón "Henri Barbusse". Franceses.
- 4º Batallón "Pierre Brachet". Franceses.
La XV Brigada se formó el
31 de enero de
1937 con los Batallones
Dimitrov,
6 de febrero,
Pierre Brachet (que se trasladó pronto a la XIV Brigada),
Británico,
Lincoln y
Washington. El Jefe de la Brigada fue
Janos Galicz
- 1er Batallón "Dimitrov". Yugoslavos. Trasladados posteriormente a la 150 y después a la XIII.
- 2º Batallón Británico.
- 3er Batallón "Lincoln", "Washington", "Mackenzie-Papineau". Estadounidenses y canadienses. A este batallón se unió la Columna Connolly formada por un reducido grupo de irlandeses.
- 4º Batallón "6 de febrero". Franceses. Trasladados posteriormente a la Brigada XIV.
Formada en junio de 1937 sobre la base del Batallón Dabrowski de la XI Brigada.
- 1er Batallón "Rakosi". Húngaros.
La 129 Brigada se constituyó el
28 de abril de 1937 con restos de batallones de otras Brigadas y miembros del
POUM. La distinta procedencia de sus miembros la llevó a ser conocida como
la Brigada de las cuarenta naciones. Las diferencias entre las fuerzas políticas y el conflicto en
Cataluña con el POUM la hicieron poco efectiva, debiendo ser reorganizada en febrero de 1938. Entonces se nombró Jefe de la Brigada a
Wacek Komar (que provenía del
Batallón Dobrowsky de la XIII Brigada).
- 1er Batallón "Masaryk". Checoeslovacos.
- 2º Batallón "Dayachovitch". Búlgaros.
- 3er Batallón "Dimitrov". De diversos países balcánicos.
La marcha de las Brigadas
Durante
1938 se suceden los intentos para poner fin a la guerra civil desde los organismos internacionales, como la Sociedad de Naciones, ante el evidente fracaso del
Comité de No Intervención para detener el conflicto.
Tras la grave derrota sufrida en abril por la
Ofensiva de Aragón, la República era consciente de su debilidad, y
Juan Negrín juega la baza de apostar por un proceso de pacificación, emitiendo con ocasión del
1 de mayo de 1938 un
posible acuerdo basado en trece puntos ante la opinión pública internacional, entre los que se incluía la retirada de todas las fuerzas compuestas por extranjeros que estuvieran presentes en el conflicto español.
Esto se unía a una intensa labor diplomática, encabezada por
Manuel Azaña, en la que se mostraba a
Francia y
Gran Bretaña la conveniencia de tener un fuerte aliado en el sur ante los acontecimientos que se precipitaban en
Europa tras la amenaza dirigida contra
Checoslovaquia por
Hitler. La desfavorable situación bélica y estratégica de la República (desde el 15 de abril quedó cortada en dos la zona republicana) causó que Francia y Gran Bretaña no mostrasen entusiasmo por la propuesta de Negrín, e inclusive la prensa de la
URSS, bajo control gubernamental, admitía seriamente la posibilidad que
Franco triunfase en España.
El Gobierno de la República comunicó oficialmente a la
Sociedad de Naciones y al
Comité de No Intervención su firme compromiso en la retirada de las Brigadas Internacionales el
21 de septiembre, fecha cuando ya se había estancado mucho el avance de las tropas republicanas en la
Batalla del Ebro y cuando había empezado una severa lucha de desgaste en ese frente de combate.
Para esta fecha se había dificultado mucho el reclutamiento de soldados extranjeros para las
Brigadas Internacionales, debido a los intermitentes cierres de la frontera realizados por Francia, que impedían el libre paso de voluntarios, considerando además que el gobierno
socialista de
Léon Blum (favorable a la República) había dejado el poder en
Francia en junio de 1937 y sus sucesores derechistas procedieron a cierres intermitentes de la frontera hispano-francesa. Asimismo, las pugnas internas entre el
PCE y el
POUM habían desalentado el reclutamiento de extranjeros en las Brigadas desde los
Sucesos de mayo de 1937 en Barcelona pues después de estos hechos muchos extranjeros no comunistas optaban por acudir a España para unirse a otras unidades del
Ejército Popular de la República y no a las Brigadas.
Por todos estos factores las Brigadas Internacionales habían reducido mucho su número tras la
derrota en Aragón: los combatientes extranjeros de las Brigadas sumaban menos de 10,000 hombres en toda la España republicana al empezar la
Batalla del Ebro. Para entonces ya había inclusive varios batallones de las Brigadas donde la mayoría de la tropa era española, reclutada para llenar los vacíos dejados por extranjeros.
La propuesta de retirar las Brigadas llegó al
ejército sublevado, si bien
Franco comunicó "
oficiosamente" que era tarde ya para cualquier acuerdo con el
bando republicano, en tanto las tropas rebeldes contaban con una situación militar mucho más ventajosa. De todas formas, el Gobierno de la República consumó el proceso de desmovilización esperando que la buena voluntad sirviera para que las potencias europeas (neutrales o no) presionaran a Franco, mientras la
URSS apoyaba la posibilidad de que numerosos militantes
comunistas (integrados en los mandos de las Brigadas) abandonaran España al alejarse las posibilidades de un triunfo republicano.
El
23 de septiembre de
1938 los brigadistas vivieron su último día de combate, pero no sería hasta el
27 de octubre que los internacionales del Ejército del Centro y de Levante, 1.500 hombres, serían reagrupados en
Valencia. Al día siguiente ocurrió igual con los brigadistas de
Cataluña, que fueron reunidos en
Barcelona.
El ejército les brindó un gran homenaje bajo el lema:
Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino! El mayor de los homenajes que se les rindió, fue el desfile celebrado en
Barcelona el
28 de octubre de
1938. Toda la ciudad amaneció con pancartas y carteles alusivos a las
Brigadas Internacionales. Ante
Companys,
Azaña,
Negrín,
Vicente Rojo y más de 300.000 personas, los internacionales desfilaron por la
Avenida 14 de abril (actual
Avenida Diagonal), en un ambiente altamente emotivo, con un histórico discurso de
Dolores Ibárruri.
Hubo actos similares de homenaje en Valencia y
Madrid. Tras un desfile en el que la gente los despidió con aplausos, llantos y cubriendo la calzada de rosas, después de un espectacular despliegue de cazas republicanos en los cielos de
Barcelona, los brigadistas estaban listos para partir.
En algunos lugares, ya durante la guerra se construyeron monumentos en homenaje a los brigadistas. Por ejemplo en la zona de la
Batalla del Jarama, el
30 de junio de
1938 fue inaugurado un monumento en forma de puño. Volvió un grupo de brigadistas para un acto de despedida en noviembre. El monumento fue destruido después de la guerra.
[4]
La mayoría de los menos de diez mil brigadistas supervivientes a la guerra trataron de volver a sus países. Muchos de ellos no tendrían problemas (franceses, británicos, estadounideneses), pero otros muchos se verían con situaciones difíciles: los italianos, alemanes, austriacos, suizos, búlgaros y canadienses se vieron entre la espada y la pared. Formalmente eran expulsados de
España pero, o serían detenidos en sus países al regreso debido que en ellos gobernaban el
fascismo y el
nazismo, o bien se arriesgaban a la cárcel porque habían salido sin autorización para servir en un ejército extranjero, por lo cual debieron marchar como exiliados a terceros países. Algunos brigadistas que no tenían un país al cual volver con seguridad se refugiaron en casas particulares en
Cataluña y otros pasaron la frontera de los Pirineos sólo para quedarse en
Francia como exiliados, incluso de modo clandestino. La
URSS acogió a algunos brigadistas, pero éstos eran casi exclusivamente líderes
comunistas de importancia.
Después de la Guerra
Tras la salida de las Brigadas internacionales, y con el regreso a sus países de origen, sus miembros fueron acogidos de forma distinta. En un principio muchos fueron tachados de simples
mercenarios, mientras otros fueron condecorados en su propia tierra. La llegada de la
Segunda Guerra Mundial evidenció el papel que habían tenido estos combatientes en
España al ser los primeros soldados de sus respectivos países que habían luchado contra el expansionismo
fascista de
Alemania e
Italia.
El
26 de enero de
1996, el
Congreso de los Diputados español concedió la
nacionalidad española a los brigadistas si renunciaban a su nacionalidad propia, cumpliendo así la promesa realizada por Juan Negrín cuando estos abandonaron España 57 años antes. Aún así, la mayoría de los veteranos optó por no renunciar.
Después, la
Ley de la Memoria Histórica reconoció a los brigadistas la nacionalidad española por naturalización, sin tener que renunciar a la suya propia. En junio de 2009, la embajada española en Londres entregó a varios brigadistas sus pasaportes españoles.
[5]
Los más conocidos brigadistas
Las Brigadas Internacionales contaron entre sus miembros con personalidades como el joven
Willy Brandt, que sería luego canciller socialdemócrata de la
República Federal de Alemania,
Wilhelm Zaisser, Ministro de Seguridad del Estado en la República Democrática Alemana y jefe de la policía política
Stasi desde 1950 hasta 1953, así como los literatos
Ralph Fox,
Charles Donnelly,
John Cornford y
Christopher Caudwell,
George Orwell, Pablo de la Torriente (escritor y periodista cubano) ,
Wifredo Lam, pintor afrocubano y
Alex Canitrot, general francés, entre otros.